Debido a una consulta de una participante, he decidido investigar sobre el tema, aunque con poco exito, ya que no existe (o al menos no encontré) información muy actualizada sobre el tema.
Es un hecho que los contaminantes, como los CFC se producen mayoritariamente en el hemisferio norte. El 90% es liberado en Europa, Rusia, Japón y EEUU. Los CFC suben luego hacia la estratósfera en las latitudes tropicales debido a los vientos. En seguida estos contaminantes son trasladados mediante vientos hacia ambos polos. Así la estratósfera contiene aproximadamente un contenido homogéneo de cloro sobre todas las latitudes. Pero ambos polos tienen una meteorología muy diferente debido a su distinta superficie terrestre. El polo Sur tiene grandes extensiones de tierra, las cuales están rodeadas de mar. Estas condiciones producen bajas temperaturas en la estratósfera, lo que crea nubes polares estratosféricas. Finalmente estas nubes crean un ambiente químico propicio para la destrucción de ozono en la época de Primavera Austral, que se extiende entre septiembre hasta diciembre cada año.
Encontré un interesantisimo articulo en inglés en la página del Instituto Argentino de Radioastronomía.
Escrito por Guillermo A. Lemarchand
Argentina is the only developing country that has been performing SETI observational activities from a national astronomical facility over the last 15 years. In 1985, a group of students of physics from the University of Buenos Aires organized at the School of Exact and Natural Sciences, an international meeting to discuss the probable distribution of intelligent life in the universe. During three days, a distinguished group of scientists examined the main theories of the origin and evolution of life, the probable distribution of extrasolar planets, the appearance of intelligence and technical societies, the radioastronomical strategies to discover evidences of extraterrestrial technological activities and the social and anthropological consequences of the discovery of life elsewhere (Lemarchand, 1986 and 1992). The first consequence of this conference was the establishment of a SETI target search around 90 solar-type nearby stars located in the southern hemisphere, using the available facilities of the Instituto Argentino de Radioastronomía (Colomb, et al., 1988 and 1992). The IAR’s facilities belongs to the National Research Council of Argentina(CONICET).
Desde el año 1982, funciona dentro del ámbito de la Unión Astronómica Internacional (IAU), la Comisión No.51 denominada "Bioastronomía: La Búsqueda de Vida Extraterrestre". Pertenecen, a ella, una pléyade de más de cuatrocientos científicos de todas partes del planeta. Entre los objetivos de esta comisión científica se encuentran: la búsqueda de planetas en otros sistemas solares; los estudios de la evolución de los planetas en función de su capacidad para sostener el surgimiento de sistemas biológicos; la búsqueda y el estudio de las moléculas interestelares complejas de relevancia para los sistemas vivientes; la búsqueda de señales electromagnéticas (intencionales o espurias) de carácter artificial extraterrestre; la búsqueda de otras posibles manifestaciones de actividad tecnológica extraterrestre y la eventual detección espectroscópica de formas de vida primitiva en planetas alrededor de otras estrellas.
En el universo existe una ley de hierro, tan primigenia como fundamental: nada se tira, todo se recicla. Si así no fuera, ya casi no quedarían estrellas, y las galaxias no serían más que tristes reservorios de materia muerta, condenada a la oscuridad más profunda y al frío más pavoroso. Y si así no fuera, nosotros mismos no estaríamos aquí. Al fin de cuentas, nuestra existencia, y la de todo el Sistema Solar, fue la consecuencia directa (y afortunada) de una serie de mecanismos de reciclado cósmico que vienen funcionando desde hace miles de millones de años, y que seguirán haciéndolo por muchos miles de millones de años más. Gracias a los notables progresos de la astronomía del siglo XX, los científicos han podido delinear con bastante precisión lo que podríamos llamar la "ecología" del universo: las estrellas nacen, viven y mueren; pero sus restos serán la materia prima para nuevas generaciones de estrellas. Es un mecanismo tan antiguo como fascinante, y sus comienzos se remontan, casi casi, al prin cipio de los tiempos.
Era hora de volver a esa maravilla de escala planetaria. Un enorme mundo de gas, rodeado por un resplandeciente anillo de roca y hielo, blanco, inmenso y delicado. Saturno es una una de las vistas más extraordinarias del universo cercano. Durante los últimos siglos, los astrónomos quedaron atónitos cada vez que lo contemplaron con sus telescopios: esa figurita perfecta, recortada contra el negro profundo del espacio, era una joya irresistible que parecía llamarlos desde la distancia. El tiempo pasó, pero finalmente, el hombre respondió al llamado de Saturno: a principios de los años 70´, fueron las sondas Pioneer; y algunos años más tarde, las inolvidables Voyager 1 y 2. Gracias a estas embajadoras espaciales, la humanidad pudo contemplar algunos impactantes primeros planos del planeta, sus anillos, y hasta de sus lunas principales. Aquellas máquinas también cosecharon información preciosa. Sin embargo, sus misiones fueron breves, apenas sobrevuelos fugaces. Y muchos misterios quedaron pendientes. Por eso, y luego de una larga pausa, en 1997, una formidable nave doble partió en busca de más respuestas. Se llama Cassini-Huygens, y el jueves 1 de julio se colocó en órbita alrededor del sexto planeta del Sistema Solar. Esta vez, la misión durará cuatro años, y por si fuera poco, incluye un descenso en Titán, la luna gigante de Saturno. Sin dudas, acaba de comenzar uno de los episodios más espectaculares de la exploración espacial.
Desde los tiempos de Galileo, los telescopios no han hecho otra cosa que crecer y crecer. Al principio, no eran más que pequeños tubos que utilizaban lentes o espejos de unos pocos centímetros de diámetro. Pero hoy en día, los telescopios más grandes del planeta son moles de cientos de toneladas, tan grandes como edificios de siete u ocho pisos. Sin embargo, y a pesar de contar con maravillas ópticas como el Telescopio Espacial Hubble, los gemelos Keck I y II, o el cuádruple Very Large Telescope (VLT) -que, dicho sea de paso, todavía no está terminado- los astrónomos no están conformes. Y quieren más: ahora, la idea es pegar un salto monumental durante las próximas décadas, y construir telescopios de proporciones casi demenciales. Alcanza con decir que el proyecto más ambicioso apunta a un monstruo tan grande como un estadio de fútbol. Con estos aliados, la astronomía del siglo XXI rozará los límites del espacio y del tiempo, y seguramente, resolverá algunas cuestiones que, hasta ahora, e l universo ha sabido guardar muy celosamente.
Como ocurre con la matemática y la física, la astronomía ha gozado entre nosotros del privilegio de ser considerada una ciencia exacta, que busca y encuentra verdades objetivas. Pero durante el siglo XX el mundo académico ha asistido al surgimiento de una nueva mirada sobre lo que los científicos hacen y sobre el universo que estudian. Esta nueva mirada no se ha limitado a señalar los aspectos subjetivos presentes en las más duras de las ciencias (incluyendo a la astronomía), sino que nos han mostrado que el mundo que queremos estudiar tiene un carácter menos absoluto de lo que pensábamos. Así han permitido, entre otras cosas, comenzar a pensar seriamente en las ciencias duras en relación con las culturas donde se originaron. Al hacer astronomía no sólo estamos hablando sobre el cielo, sino que simultáneamente estamos hablando sobre cómo nuestra cultura lo mira, qué valores y expectativas ha puesto en él, en definitiva sobre nosotros, los que miramos.
En estos días, el asteroide (4179) Toutatis, una roca espacial de 5 kilómetros de diámetro, está protagonizando su encuentro más cercano con la Tierra en varios siglos. Y a pesar de lo que dicen algunos disparatados rumores -que vienen circulando en Internet- no hay nada que temer. No existe ninguna posibilidad de impacto. Todo lo contrario: para los observadores del cielo –equipados con telescopios- será una excelente oportunidad para verlo, y seguir su trayectoria entre las estrellas.
Un asteroide exótico
Toutatis fue descubierto en 1989 por el astrónomo francés C. Pollas. Mide 5 kilómetros de diámetro en su eje mayor, y, tal como lo han revelado observaciones de radar, su forma es similar a la de una papa alargada. Tarda 4 años en dar una vuelta al Sol, siguiendo una trayectoria orbital bastante ovalada, que lo lleva, en su punto mas alejado, hasta la región del “Cinturón de Asteroides” (entre Marte y Júpiter), y en su punto más cercano, hasta un poco por adentro de la órbita terrestre. Y eso lo convierte, en uno de los más de 600 “Asteroides Potencialmente Peligrosos”, tal como se los denomina técnicamente. Pero más allá de todo esto, la característica más extravagante de Toutatis es su insólito movimiento de rotación: gira sobre sí mismo siguiendo dos ciclos separados, el primero, de 5,4 días, y el segundo, de 7,3. Así, su movimiento es completamente errático, como el de un trompo alocado.
Son los pilares de la gran arquitectura cósmica. Enormes islas de estrellas, gas y polvo que, de tanto en tanto, se atreven a interrumpir las oscuras aguas del universo, aterradoramente vacías y heladas. A escala humana, las galaxias son verdaderos monstruos que ponen en ridículo a todos nuestros parámetros habituales: es verdaderamente difícil imaginar sus dimensiones y su complejidad. Pero a escala cosmológica, las galaxias no son más que solitarias motas de materia. Excepciones a la regla. Distracciones de la nada. Nacieron cuando el cosmos sólo tenía unos cientos de millones de años, cuando la furia del Big Bang comenzaba a menguar. Y al principio, no eran más que inmensas y desprolijas nubes de gas (casi todo, hidrógeno). Pero con el correr del tiempo, la gravedad las fue comprimiendo y modelando. Y en sus entrañas, los parches gaseosos más densos originaron las primeras estrellas. Hoy, 14 mil millones de años después del estallido primigenio, el universo cuenta con miles de millones de galaxias. Y sin embargo, hasta hace apenas un siglo, nada se sabía de todas ellas. Es más, hasta parecía que la Vía Láctea era la única. Pero esa imagen miope ha cambiado: paso a paso, la astronomía ha ido descubriendo la gloria de las galaxias. Y actualmente, está tratando de explicar sus orígenes, su evolución y su diversidad. En medio de esa búsqueda, recientemente, se anunció el descubrimiento de la más lejana que jamás se hayan observado.
"Apareció una nueva estrella, de inusual tamaño, resplandeciente y que ofuscaba la vista, causando alarma... se la vio de ese modo durante tres meses, en los recónditos confines del Sur, más allá de todas las constelaciones que se ven en el cielo" .
La cita aparece en los anales del monasterio benedictino de Saint Gallen, en Suiza, y describe un espectáculo sin igual en toda la historia de la astronomía: la supernova del año 1006. Esta impresionante catástrofe cósmica -nada menos que la explosión de una estrella gigantesca- fue observada por todos los pueblos de la Tierra, causando asombro, curiosidad y mucho temor. Y no era para menos, porque parecía una amenazante llamarada que iluminaba todo el cielo nocturno, brillando tanto como la Luna.
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